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El barco misterioso se aproximaba a lo lejos. El velador llevaba unos minutos observándolo, él siempre había visto llegar los barcos que llegaban al puerto, casi siempre eran comerciales, pero ésta ocasión era diferente.

No pasó mucho tiempo hasta el momento en el que aquella sospechosa embarcación se detuvo junto al muelle, una vez frente la tenue luz de las lámparas de aceite en medio de la noche, se pudo apreciar su acabado. El velador nunca había visto algo así, era un amenazante barco de acero, cuando todos eran fabricados con madera. Poseía dos largas filas de cañones, definitivamente no era una visita con intenciones comerciales. En cuanto pudo, procurando no llamar la atención, el velador se dirigió a la alcaldía de la ciudad, tramaba dar aviso sobre una posible invasión, o por lo menos una visita hostil. Los tripulantes del barco comenzaron a bajar una vez anclada la nave, y detrás de un grupo de hombres fornidos, apareció uno no más grande ni fuerte, pero totalmente más espeluznante, el capitán, con una impresionante presencia descendió junto a su tripulación mientras miraba a su alrededor, el ambiente se puso tenso. Definitivamente algo estaba por ocurrir.

Pasaron algunos minutos, la guardia llegó al puerto, al parecer el velador había cumplido su cometido. Los soldados prepararon sus armas, pero no querían alarmar a los visitantes, preguntaron de que se trataba aquella espeluznante aparición, pero no hubo respuesta. El capitán hizo una señal con su mano, alguien en el barco corrió e hizo la bandera; eran piratas. En ese momento todos los tripulantes sacaron sus sables y rifles, y seguido de un grito, corrieron al ataque, el fuego comenzó, tiros y sables chocando en todo el muelle. Todo el pueblo despertó, la paz había sido interrumpida. Una vez eliminados todos los guardias los piratas procedieron a avanzar entre las calles, disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino.

- ¡Capitán! ¿Qué estamos buscando exactamente? - ¿Es que no lo sabes oficial Rittz? en esta isla, además de esta misera ciudad, existe un tesoro escondido. - ¿Un tesoro? ¿de qué se trata? - De algo muy valioso, obviamente - ¿Joyas? ¿oro? - Más valioso que eso, un artefacto de madera.

Los tripulantes comenzaron a murmurar, en esos instantes dudaban de lo que les contaba su capitán, al parecer un artilugio de madera no era lo que esperaban como recompensa por el riesgo que representaba atacar una ciudad, pero no pensaban ni un momento en retirarse, el capitán era más peligroso que toda la guardia de la ciudad junta. Se adentraron en la selva, más al centro de la isla.

- Al fin, aquí lo tenemos, inútiles, ¡comiencen a cavar!

Todos procedieron a excavar con palas que llevaban cargando a sus espaldas, el lugar parecía sólo un pequeño tramo sin palmeras, pero todos se llevaron una sorpresa enorme, al encontrar un enorme y pesado cofre dorado, con lo que parecían ser gemas, gemas realmente valiosas, estaban más que satisfechos por el botín que tenían en sus manos, pero al capitán no parecía importarle eso, rápidamente tomó su sable e intentó romper el candado, de oro también, pero fue inútil.

- Olvidaba que se trataba de un cofre cerrado por dioses, esto requerirá, un pequeño esfuerzo adicional.

El capitán usó su sable pero esta vez fue para cortarse en la palma de la mano, apretó su puño y dejo caer sangre en el suelo, la cual de inmediato comenzó a quemar el sitio en donde estaba, como si de ácido se tratara, los tripulantes se sorprendieron, desconocían todos los secretos de su líder. Tras unos segundo parecía que que la sangre se había vuelto un viscoso líquido negro, el capitán murmuro en voz baja, que estaba listo, sacó una de sus pistolas y tras apuntar a su tripulante más cercano, éste calló al suelo tras el sonido de un relámpago. Todos se quedaron pasmados, pero fue peor una vez que el cadáver, un vez en la tierra, comenzó a quemarse hasta quedar hecho polvo, la sangre negra se cubrió de las cenizas y brillo en un tono rojizo una intensidad cegadora, todos se cubrieron los ojos, a excepción del capitán, quien sonreía mientras aquello se convertía en una diabólica llave, que utilizó para abrir el cofre.

- Pueden quedarse con eso si quieren, yo me doy por servido.

El capitán avanzaba con una pequeña figura de madera con forma de una flecha hacía arriba sobre un escudo, sus hombres cargaban el cofre emocionados, pues parecía ser muy valioso. Subieron al barco y partieron del puerto. Mientras tanto, en la alcaldía, el gobernador hablaba con los mejores hombres de las fuerzas armadas de la ciudad. Ariz, Arb, Isah, Ethon y Brian, eran una agrupación de élite especializada en el combate armado, cuerpo a cuerpo y en el manejo de todo tipo de embarcaciones, tras una pequeña reunión, salieron corriendo al puerto y se pusieron en marcha en un barco, con la misión de detener a los piratas. En medio del mar, se encontraba el capitán celebrando su éxito, pero se vio interrumpido en el instante en el que un cañón destrozó parte del casco de su nave, rápidamente reaccionó y dio la orden de disparar sus propios cañones, pero fue grande la sorpresa del equipo de élite cuando el barco enemigo se detuvo a disparar, en lugar de eso abrieron compuertas en la parte de atrás y dispararon cañones mientras huían, una estrategia nueva para la comunidad marítima, sin embargo, el equipo no podía rendirse, así que prosiguieron a evadir los cañones apresurando el paso a toda vela para acercarse al barco de acero.

La nave de los cinco había recibido varios daños en aquella explosiva persecución, de cualquier modo lograron llegar a un lado de los piratas y antes de que su ahora llameante barco se hundiera tras una explosión, lograron brincar a la otra embarcación, la batalla había comenzado. El capitán solamente se paro a observar mientras que sus hombres desenfundaban sables y pistolas, eran más, pero tras un tiroteo y algunos sablazos, el equipo de élite logró acabar sangrientamente con todos, a excepción del capitán, el cual había quedado paralizado tras esa demostración de habilidad, no sabía que hacer por un momento, pero recordó un factor importante; la estatuilla de madera. La tomó y la alzó, como si intentase activar algo, en ese momento la figura se iluminó en rojo y un rayo del mismo color cayó sobre el capitán, pero en lugar de causar algo favorable, el barco explotó.

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